viernes, 11 de febrero de 2011

Ésta fue mi felicitación de Año Nuevo. Me gusta tenerla aquí.

sábado, 1 de enero de 2011

SONRÍE, AMOR, SONRÍE

81/2007

SONRÍE, AMOR, SONRÍE

Han de llegar los días
de la consumación de la tristeza,
del coito de las flores del olvido,
del tránsito doliente de oscuros crisantemos.

Mientras tanto,
sonríe, amor, sonríe.


Han de llegar los días
del cansancio infinito en la distancia,
de las horas de hielo enmudecidas,
de la caricia inédita guardada para siempre.

Mientras tanto,
sonríe, amor, sonríe.


Han de llegar los días
del regreso fatal de la cordura,
del destierro de manos enlazadas,
del eclipse que oculte el candor de mirarnos.

Mientras tanto,
sonríe, amor, sonríe.

Inunda con tu risa los audaces recodos
de cada minutero suspendido
sobre la hora exacta de los besos
que se van malgastando sin haber germinado
como se acaba el aire a golpe de congoja
según se va acercando el día que se anuncia
como consumación de la tristeza.

Mientras tanto…

¡Sonríe, amor, sonríe!



Gaviola en Marineda. En un 19 de Septiembre de 2007.

viernes, 26 de diciembre de 2008

Poemas con Imagen y Sonido: ANOCHE

Poemas con Imagen y Sonido: ANOCHE

Poemas con Imagen y Sonido: ANOCHE#links

Poemas con Imagen y Sonido: ANOCHE#linkshttp://maginamagica.blogspot.com/

ANOCHE

Y te hiciste real
como un ángel caído
en mitad de mi sueño
para llenarme el sueño de inminencias.

Allí estabas:
luminoso, palpable, inmaterial
brotando de lo onírico
con bruscas insurgencias amorosas,
a oleadas
como una muchedumbre de caricias
invadiendo con furia ingobernable
las calles de mi cuerpo aletargado.

Lo mismo que un prodigio
contado alguna noche junto al fuego.

Nunca hubo
perplejidad más lúcida,
anhelo más tangible.

Nunca hubo
un lugar más concreto
que mi alucinación crepuscular.

Y en mitad de la noche deseé
hundirme, disolverme, diluirme,
en abrazos apócrifos
en grutas incorpóreas
donde tañen confusos desconciertos
agrandando los pulsos de las sombras
igual que el corazón de los relojes
agranda su latido en la madera.

Ser una gota más
perdida en el sonámbulo sudor
del pecho sofocado y codicioso
que en sueños me acunaba con ternura;
un suspiro en tus labios, una queja,
una pregunta apenas formulada.

Pero una certidumbre entre lo incierto
de un sueño pasajero e interino.

Ser un amor de otoño
encendiendo sus últimas hogueras
junto al mar, anoche, que no estabas.
Anoche.


Gaviola en Marineda. En un 6 de Agosto de 2007.




Anoche.
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jueves, 25 de diciembre de 2008

MISIÓN CUMPLIDA

Para ver y entender esas imágenes de ahí abajo, es necesario saber que hace 25 años me casé con un hombre viudo que traía en su ajuar siete hijos, y más penas de las que podía acarrear él solo.
La cosecha no se nos ha dado mal: él sigue teniendo siete hijos y once nietos; yo tengo siete hijastros, y varios nietastros que me llaman “abuela”.
Para ellos llevo más de 25 años inventando alegrías y risas navideñas, tal como las inventaron para mí cuando tenía pocos años y muchas cosas por aprender.
Gaviola

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martes, 23 de diciembre de 2008

Estábamos tan hechos todos

Mañana será Noche Buena.
Inicio este Blog como homenaje a mi amiga Victoria; una de esas Mujeres a la que haberla conocido se convierte en un privilegio.
Ella nos dejó el 12 de Octubre, después de una enfermedad fulminante que le cortó la vida en pleno vuelo.
Ella me enseñó a mirar a mi alrededor con la inocente pasión de quien habría de irse con urgencia antes de haber vivido y agotado todo el amor que tenía por dar.
Las cosas, la música, los paisajes... Ella convertía todo en puro latido.
De todo lo que ella me enseñó, desde su juventud gloriosa interrumpida de un manotazo, quiero dar fe en lo que aquí vaya insertando.
Estés donde estés, Victoria, éste es mi regalo para esta primera Navidad que no pasarás con nosotros.
Gaviola

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69/2008/POEMA

ESTÁBAMOS TAN HECHOS TODOS…

Se me quedó la mano suspendida
en el aire.

Iba a escribir sobre el teclado
“Amiga, buenos días”
sin acordarme
de que ya no te asomas al espacio,
con la primera luz
recién bruñida.
De que sin darte cuenta
(sin intentar huir, posiblemente,)
te dejaste quebrar por la estocada
de un acero fatal y anticipado
forjado en abandonos,
templado con tu carne y con tu sangre.
Certero
para atinar a herirte
de muerte
allí donde la vida se hizo frágil
vulnerabilidad de madre sola.

Estábamos tan hechos
todos
a esperarte detrás de la pantalla,
a verte amanecer
en el interespacio incomprensible…

Estábamos tan hechos
todos
a dejarnos mecer por tus historias
de unicornios
retozando en la voz oscurecida
de la inhabitual Mercedes Sosa;
de faros
en los que te abrasabas evocando,
-eterna Abderitana-
el Faro del amor en que naciste.
De hombres por amar,
(y de algún desamor encarnizado
que te libó la vida poco a poco).
De padres que se fueron
dejándote la infancia a la deriva
llagada y sin timón.
Y de hijas
que fueron dolorosas
tempestades
como todas las hijas de este mundo,
lo mismo de insensatas
que todas las audaces golondrinas
que saltan de sus nidos
persiguiendo mosquitos luminosos.
Como fuimos tú y yo
(Tú sabes lo que digo).

Estábamos tan hechos
todos
a verte con los labios apretados
para no derramar
el vacío del fruto de tu vientre
pura desolación
(como todos los frutos inmaduros
que ensañan su rigor de acidez verde
en yermas deserciones uterinas
antes de ser regreso
y añoranza
de madre que se fue).

Estábamos tan hechos
todos
a vivir de lo tuyo,
a respirar tu olor -arena y mar-
a hablarnos con las gentes de tu entorno
como si fuera nuestro,
a respirar tu aliento retoñado
-congoja y yerbabuena-. Y a saliva
de párvulos
que te decían “Maestra” sin saber
que de verdad estabas impartiendo
la lección magistral de haber vivido
como un párvulo más
dentro de un cuerpo
que acabó traicionándote,
que arrastrabas
en los últimos días
como si fuera un cántaro vacío
de ti, de tu ternura,
con esa dignidad
de princesa de cuento
sin un final feliz…

¡Estábamos tan hechos
todos
a dejarnos querer
por ti, sencillamente!

Estábamos tan hechos a tenerte
que no nos dimos cuenta que te ibas.

Y ahora…

Iba a escribirte “Amiga, buenos días”
y acabé dibujando en el vacio
un recuerdo frutal
un epitafio:

Aquí yace Victoria
impenitente
como si no se hubiera arrepentido
del pecado mortal e inevitable
en Ella
de haber amado tanto.


Gaviola en Marineda. En un 29 de Noviembre de 2008.